jueves, 16 de septiembre de 2010

AUTOBIOGRAFÍA PROFESIONAL

Mi vida profesional se definió antes de mi llegada a la normal, pues cuando estaba en la preparatoria estaba deslumbrado con las poéticas ideas de la literatura y quería ser escritor, luego fueron los pensamientos prácticos los que me hicieron poner los ojos en la arquitectura, pero las palabras de un buen maestro que tuve me pusieron los pies en la tierra para decidir por una carrera que me fuera costeable económicamente hablando, y me habló de una normal en la que los alumnos permanecían internados contando con el hospedaje y los alimentos, esta es la escuela normal rural “Raúl Isidro Burgos”, de Ayotzinapa, Gro. A la cual asistí (el mismo maestro que me habló de ella fue quien me llevó, pues yo había salido poco de mi pueblo) primero a solicitar la ficha y luego al examen de admisión. Aunque fui de los últimos en la lista de aceptados, finalmente logré el objetivo y en septiembre de 2006 ya era un alumno de tan conocida institución.
Reconozco que no llegué a la carrera de maestro por vocación, pues mis aspiraciones eran otras, pero cuando ya estuve en la normal y en las clases y prácticas con los alumnos, me di cuenta de que realmente esto es lo mío. Ahora no imagino mi vida sin tener un grupo al cual darle clases. Ni siquiera pretendo llegar a ser director, pues de serlo me enfrascaría en toda esa vorágine de documentos y requerimientos institucionales, además de que mi natural tendencia a la crítica y a la autodeterminación no me hacen individuo idóneo para la filas de la burocracia.
Finalmente terminé la normal, como licenciado en educación primaria, tuve también la suerte de que la plaza como maestro frente a grupo en el nivel de primaria me fuera asignada inmediatamente al egresar, así, para el 1 de septiembre era yo ya un maestro que se tenía que presentar ante las respectivas autoridades para que ratificaran mi nombramiento y me adscribieran al centro de trabajo en el que fueran necesarios mis servicios.
Luego de darme cuenta de cómo se mueven los hilos de las influencias para llegar a un lugar cómodo para los maestros nuevos, me enviaron a trabajar a la escuela más lejana de la zona, además de ser la de mayor matrícula: la escuela primaria rural federal “Emiliano Zapata”, en la comunidad de los Tepetates, municipio de Ayutla de los libres, Gro. En la que aún me mantengo trabajando luego de diez años de servicio.
La necesidad de actualizarme y tener un dominio aceptable de las matemáticas, las cuales me apasionan pero en las que había sido escasamente instruido durante la preparatoria, me hizo que iniciara el estudio de la especialidad en esta materia en el instituto superior de especialidades pedagógicas “Ignacio Manuel Altamirano”, en la ciudad de Tixtla, Gro., a la cual ingresé en el año de 2002, y egresé en el 2008, como licenciado en educación secundaria con especialidad en Matemáticas.
Desde que oficialmente inicié mi vida profesional me he distinguido por ser un maestro al que le preocupa la actualización y la mejora académica continua, he participado en algunos cursos estatales, en la asignatura de Español, matemáticas e historia. Y he participado en los cursos y exámenes nacionales de actualización que promueve el PRONAP, logrando en tres ocasiones el nivel esperado y haciéndome acreedor a tres diplomas al mérito académico, el primero en matemáticas, el segundo en ciencias y el tercero, que aún no me han entregado, en la enseñanza del Español.
El último de mis aciertos profesionales es el haberme inscrito en la maestría en educación en competencias profesionales para la docencia que oferta el Centro de Actualización del Magisterio (CAM) en la ciudad de Ayutla, y me siento orgulloso de formar parte de un grupo muy unido y progresista que busca objetivos de mejora continua en su vida profesional, lo que simpatiza significativamente con mi forma de encarar las nuevas tendencias en política educativa.
En mi aula trato de no ser un maestro ordinario o tradicional, cambio el esquema del grupo para que los alumnos no se acostumbren a la monotonía y diseño actividades que buscan ser relevantes para mis alumnos. Me gusta que mis alumnos me vean como un amigo, al que le pueden platicar sus problemas, éxitos y dificultades con confianza. Pero debo reconocer que en algunas ocasiones no puedo evitar el ser el dictador del aula que impone su voluntad y energía ante las frecuentes indisciplinas de los educandos.
Mi aula la mantengo tranquila a base de diálogo y de promesas cumplidas, estableciendo las reglas junto con mis alumnos y las consecuencias de cada uno de sus actos, de este modo los mismos educandos tratan de no infringir las normas y, cuando lo hacen, saben exactamente lo que ello les acarreará.
Me he preocupado siempre porque mis alumnos aprendan a aprender, pues considero que logrando esto ya tenemos ganada casi toda la batalla contra la ignorancia, y doy mucha importancia a la consecución de la comprensión lectora y las habilidades de resolución de problemas por parte de mis alumnos.
Si hay una metáfora que defina mi modo de enseñar, es la fábula del pastor y el niño, en la cual el niño escucha al pastor tocar la flauta y le ruega que se la regale, el pastor le contesta que no, que no se la regala, que mejor le enseñará a hacer una, para que cuando la primera se le rompiera, pudiera hacerse las flautas que quisiera. Esto traducido a la educación, significa que es mejor que los alumnos aprendan a aprender para que cuando el maestro no esté presente para guiarlos en una situación de aprendizaje sepan cómo actuar, aprendiendo así por toda la vida.
Por el lado opuesto, creo que tengo que mejorar mis hábitos de planeación y ejecución de lo planeado, pues muchas veces me dejo llevar por las circunstancias institucionales y no ejecuto mi planeación, cayendo en la cómoda excusa de que no se presentaron las condiciones idóneas para las actividades diseñadas, quedando esta en el limbo de lo aplicable con lo aplicado.
En lo personal, defino al estrés como la sensación de malestar que acompaña a la excesiva carga de trabajo, cuando nos sentimos, de alguna manera, incapaces para desempeñar una o varias actividades. No digo que nunca me estrese, sólo que nunca dejo que me bloquee hasta el grado de abandonar las actividades requeridas. Lo que hago si me siento estresado es leer un libro de los que me gustan, como los de García Márquez o Isaac Asimov, algunas tiras de Mafalda, de Quino, por un tiempo determinado y luego regreso a la actividad con la mente despejada.
Mi salud y alimentación sí es algo preocupante, pues en la comunidad en la que laboro no hay condiciones como para llevar una dieta balanceada que garantice la salud estomacal, en consecuencia, soy presa fácil de los problemas gastrointestinales, mi estómago es mi “talón de Aquiles”.
Para mí un buen maestro se define en su habilidad para conducir el proceso de aprendizaje de sus alumnos de manera organizada hacia la consecución de los objetivos trazados, con responsabilidad y ética profesional, lo que engloba las características que principalmente evaluaría de los maestros en las escuelas. Si se trata de darles una valoración en números, a la primera de las características le daría el 60%, a la segunda un 20% y a la tercer el otro 20%.
El principal estímulo que se tiene en el trabajo docente es el reconocimiento de las personas a las que servimos, es decir, de los alumnos y los padres de familia, y si se trata de estimular a los maestros que cumplen con las características necesarias, diría que el estímulo puede ser económico, pues la vida socioeconómica de los maestros no es la mejor, o alguna beca para que se pueda seguir superando académicamente hablando.
Si pudiera tener un año sabático lo dedicaría al estudio y, de tener dinero, a viajar por el mundo, pues para mí no hay mejor inversión que la cultura, y los viajes son la mejor de las situaciones didácticas que hay, sólo que la más cara.
Hasta aquí ya termino con lo que ha sido y es mi vida profesional, para hablar del futuro seré breve, pues por ahora me estoy ocupando de terminar la maestría, dentro de cinco años me veo como un Máster que ostenta con propiedad el grado.
Dentro de diez años quiero haber conseguido mi propósito de dar clases en el nivel superior, sobre todo en la normal de la que egresé, y estar haciendo o haber logrado mi doctorado.
A plazo de quince años espero ser un profesional que haya estudiado mucho y estar consciente de que sabe poco, para seguir teniendo objetivos de aprendizaje, para que mi vida tenga aún sentido. Cuando se me acaben las aspiraciones, creo que habré muerto.
Todo esto lo conseguiré haciendo en su momento lo que sea pertinente, paso a paso, con constancia, perseverancia u obstinación, la cual creo que es mi principal talento.
Quiero que mis alumnos me recuerden como un buen maestro, aquel que los vio siempre como seres humanos con un gran potencial y que hizo todo lo posible por encausarlos de manera positiva hacia un mejor nivel de vida.
Mis colegas espero me recuerden con agrado, como aquel que siempre intentó mejorar el entorno en el que laboramos.
Estos son mis propósitos a futuro. Estoy en la batalla.

Evencio Arzola Rendón    

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